sábado, 20 de agosto de 2016

La muerte de un instalador

La primera novela publicada de Alvaro Enrigue, La muerte de un instalador (Premio Joaquín Mortiz 1996) es verdaderamente perversa: se trata de la cacería de un artista, Sebastián Vaca, a manos de su mecenas; el juego del joven millonario Aristóteles Brumell.

La mejor parte, es decir, la parte que me ha encantado, es cuando el millonario describe la manera en que los licores le ceden sus espíritus: inevitable el referente facilón a las bebidas espirituosas (Memoria de la disipación, pp. 107-109).

Si el asesinato se vuelve el juego de un millonario ocioso, ¿qué decir del horror de los "performances de decapitados" (Héctor Aguilar Camín)?: la barbarie de los narcotraficantes probablemente patrocinados por las operaciones negras gubernamentales a ambos lados de la frontera mexicano-estadunidense. En esta novela, "el crimen pertenece al arte de la instalación" (Juan Villoro).

Alvaro Enrigue, La muerte de un instalador. Literatura Mondadori. Random House Mondadori. Primera edición: febrero, 2008. El Marqués, Querétaro. México. 170 pp.

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