domingo, 1 de noviembre de 2015

La rusificación de México

O la mexicanización de Rusia, después de todo, el régimen político se disfraza de democracia pero todo es simulación, aquí y allá. Lo cierto es que venimos del autoritarismo, tan arraigado, del PRI y del PCUS. Los asesinatos se suceden, en un ejercicio weberiano del poder, ligándose al crimen para sostenerse desde el terror: Anna Politkóvskaya, quien cayó de su propio departamento, en circunstancias muy extañas (se menciona este incidente en la última novela de Martin Cruz Smith, Tatiana). O el líder opositor Boris Nemtsov, ultimado a las afueras del Kremlin. El poder, cuando no es democrático, se vuelve mafioso: se opera desde la sombra, o a plena luz del día, pero siempre impunemente. Un Estado cuestionado, una mafia fuerte y una ciudadanía débil, que prefiere voltear hacia la televisión-basura; o una ciudadanía acosada, sin libertades políticas, vejada, golpeada, secuestrada, desaparecida. Miles.

Durante el deshielo ruso -glasnost, perestroika-, Putin le cuidaba las espaldas a Mijail Gorbachov, pues era agente de la temida KGB. Ahora el antiguo espía es el premier ruso (lo ha sido durante varios períodos, sucediéndole su lugarteniente Vladimir Medvedev, por lo que el dúo dinámico es conocido internacionalmente como Batman y Robin) y Gorbachov dirige un periódico, ahí, donde ya no queda periodismo1 (los periodistas que han logrado escapar viven ahora en Londres y Nueva York).

(1) Iba yo a decir periodismo independiente, pero el adjetivo es innecesario: no se entiende el periodismo oficioso, pagado con dinero público, o el periodismo pretenciosamente autodenominado "objetivo, vertical", o el periodismo militante, negado a la crítica, la opinión o la queja.


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